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La Crítica Gastronómica (I), por Rafael García Santos

18/10/2010
Crítica gastronómica

Crítico gastronómico

Aunque de un tiempo a esta parte parece que cuando se habla de la crítica gastronómica y de su posible crisis, ésta parece estar basada, fundamentalmente, en una suerte de enfrentamiento entre el periodismo tradicional y las nuevas tecnologías, no debe considerarse que esto sea así. En realidad, a lo más, esto no es sino un problema, de mayor o menor envergadura según los casos, que se puede añadir al meollo de la cuestión. Ciertamente, no se puede hablar de crisis en la crítica gastronómica si no se habla de la crisis en la gastronomía, o, mejor aún, de la crisis general.

Vayamos por partes. ¿Está en crisis la Alta Cocina? En términos de calidad, evidentemente, no; ahora bien, en términos de mercado, de rentabilidad y, por qué no, sociológicamente, rotundamente sí. Hablamos de un artículo de lujo que tiene la demanda que tiene.

Por otro lado ¿Está en crisis el mercado de la información, la Prensa? Es evidente que cada vez se venden menos ejemplares. Ya no se habla tanto de ventas como de lectores. El periódico se lee, cada vez más, en los bares, hoteles, aviones… Así que, independientemente del aspecto meramente económico, también aquí se puede hablar de una crisis estructural. Así pues, si aceptamos que está en crisis la Alta Cocina, si aceptamos que está en crisis la Prensa, hemos de aceptar que estamos ante un sector en crisis, más allá, incluso, de lo económico, de lo coyuntural.

¿Por qué en los últimos años han ido a menos las publicaciones gastronómicas? ¿Por qué las que no han desaparecido han tenido que cambiar? ¿Por qué las tiradas de libros, revistas, guías, etc., son cada vez menores? Simple y llanamente, porque la Alta Cocina interesa a muy poca gente; concretando, sólo a unos cuantos cocineros, a algunos productores y al reducido número de gourmets que hay en el mundo. O sea, que no hay clientela. Y no la hay porque la Alta Cocina vive lejos de la realidad social; es muy cara, tal vez alardea de excesiva intelectualidad, es ajena al interés del común de los consumidores… Y si continúa por el camino de lo elitista –camino por otra parte lógico- a la Prensa gastronómica no le queda sino un futuro testimonial, importante, eso es cierto, pero testimonial.

Sólo se podrá ampliar el mercado si se avanza en otro tipo de contenidos de carácter más popular y en otro tipo de formas que conecten más con el público. En este aspecto, quizá convendría fijarse en la Prensa deportiva y en la Amarilla como opciones a explorar. Si nos fijamos en lo que se cuenta y en cómo se cuenta hoy en día lo que pasa en el mundo de la gastronomía, veremos que, salvo algunas tan poquísimas como honrosísimas excepciones, la crítica no existe. Todo son loas al cocinero del que se habla, al bodeguero del que se habla y, así sucesivamente. Y eso, cuando no son o el propio cocinero o el propio bodeguero quienes controlan directamente el criterio del informador.

¿Dónde ha quedado el idealismo? ¿Qué fue de la independencia? ¿Cuántos gozan de credibilidad? Seamos autocríticos. Parece que nos hemos establecido en un sistema de sálvese quien pueda, de aprovechémonos cuanto más mejor, en definitiva, se ha generalizado la doble moral.

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